“Los hombres no pueden ser más perfectos que el sol. El sol quema con la misma luz con que calienta. El sol tiene manchas. Los desagradecidos no hablan más que de las manchas. Los agradecidos hablan de la luz.” José Martí.

DECLARACIÓN DE LA UNESCO:
El patrimonio intangible está constituido por aquella parte invisible que reside en el espíritu mismo de las culturas. Existen sociedades que han concentrado su saber y sus técnicas, así como la memoria de sus antepasados, en la tradición oral. Engloba los "modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias. A esta definición hay que añadir la capacidad de transformación que lo anima, y los intercambios interculturales en que participa.

El patrimonio intangible está constituido, entre otros elementos, por la poesía, los ritos, los modos de vida, la medicina tradicional, la religiosidad popular y las tecnologías tradicionales de nuestra tierra. Integran la cultura popular los diferentes idiomas, lenguas, los modismos regionales y locales, la música y los instrumentos musicales tradicionales, las danzas religiosas y los bailes festivos, los trajes la cocina, los mitos y leyendas; las adivinanzas y canciones de cuna; los cantos de amor y villancicos; los dichos, juegos infantiles y creencias mágicas. (2001)

jueves 15 de diciembre de 2011

CHATO DUARTE: AUTOR DEL TEATRO REGIONAL YUCATECO.

CHATO DUARTE: AUTOR REGIONAL YUCATECO.


Autógrafo del Chato Duarte. 1923.

“DEL VICIO AL CRIMEN”
Chato Duarte.
TEATRO REGIONAL YUCATECO
OBRITA EN UN ACTO Y TRES CUADROS,
DE TENDENCIAS ANTIALCOHÓLICAS.


El autor se complace en dedicar
esta obrita a todos los trabajado-
res de Riel, miembros del Sin-
dicato Ferrocarrilero Peninsu-
lar.- Cordialmente. Chato Duarte.

X’OCEN, VALLADOLID, JULIO DE 1937.

PERSONAJES:

CANTINERO
COCOM
LUIS- ANDRÉS
DOÑA MARTA
COMADRE
DON JULIO
“CHATO” E INVITADOS.

ÚTILES PARA LA OBRA.
Una mesa regular, una menor, cuatro sillas alrededor de esta última, un juego de cubilete, dos botellas simulando aguardiente, cuatro copitas y un vaso para agua, un cuchillo para Cocom, una ollita de peltre pa la Comadre, una bandeja y diez vasos para sidra, seis botellitas de sidra y dos cajones vacíos para el segundo cuadro.

CUADRO PRIMERO.
(Época actual. La acción: Mérida).
Decorado: Interior de una casa pobre. Dos puertas laterales. Sobre una mesa a manera de armazón, habrá dos botellas, simulando una de habanero y otra ron. Sobre la mesa menor, un cubilete y cuatro sillas alrededor de ella. Es una casa particular en donde se expende licor clandestinamente.

ESCENA 1ª.

(Cantinero solo. Viste de filipina).

CANTINERO: ¡Ahora sí que ni robando al fisco se salva uno! Están las ventas tan malas, que hay días en que no gano ni para los frijoles.

ESCENA 2ª.

(Dicho y Cocom apareciendo en la puerta de la derecha. Viste traje de obrero mecánico, con alpargatas).

Pues si le pido un habanero hereje es porque no lo quiero bautizado; por eso traigo mucho dinero (suena su bolsa) para pagar mi gusto.
CANTINERO: (Sirviendo la copa). No acostumbro alterar los licores que vendo. Está Ud. servido, maestro.
COCÓM: (Tomando la copa). A la salud de Ud., señor cantinero.
CANTINERO: Muchas gracias.
COCÓM: ¿Cuánto se debe?
CANTINERO: Veinte centavos, porque usted la toma doble.
COCÓM: (Pagando). Cóbrese y tome el vuelto de propina.
CANTINERO: (Enseñándole la moneda que dio). Esta moneda es de veinte centavos; y aunque fuese mayor, no le aceptaría propina…
COCÓM: Me alegro y ojala que sea siempre así.

ESCENA 3ª.
(Dichos y Luis y Andrés que aparecen derecha, retrocediendo al ver a Cocóm).
COCÓM: (Acechando derecha y llamándolos). Vengan acá, muchachos, que el maestro Cocóm no come gente.
LUIS: (Entrando a escena). Buenos días, maestro.
COCÓM: Buenos días, Luis; siéntate.
ANDRÉS: (Entrando). Buenos días, maestro Cocóm. Si retrocedimos, fue solo por respeto a Ud., porque nunca hemos tomado una copa en su presencia…
COCÓM: Pues aquí, muchachos, no estamos en el taller; soy igual a ustedes, porque nos encontramos en un centro del vicio, con apariencia de casa particular. Es un “emborrachadero” clandestino, con la diferencia, a favor de este amigo Cantinero, que no paga contribuciones; pero el envenenamiento es igual. ¿Qué opinan ustedes a esto, muchachos?
LUIS: Yo creo que el señor se está buscando la vida…
ANDRÉS: Eso mismo opino yo, maestro; y respecto a envenenarnos, nosotros venimos a hacerlos y no él a buscarnos.
COCÓM: Tienes razón, Andrés. Por esa tu opinión, que me has convencido, vamos a tomar una copa.
ANDRÉS: La tomaremos, maestro, si Ud. nos lo permite; y le suplico que me permita el gusto de pagarla.
COCÓM: ¡Estás loco, chamaco! ¿No sabes que cuando el maestro Cocóm tiene dinero, nadie paga más que él?
LUIS: Pero es, maestro, que hace seis meses que Ud. no trabaja, y nosotros acabamos de cobrar nuestra semana.
COCÓM: No le hace, muchachos; aquí tengo dinero para gastar con mis amigos. (Suena su bolsa): ¿Y ustedes no saben por qué no trabajo? Porque ya no soy ni quiero volver a ser hijo de familia. El Jefe de la “Redonda” me mandó llamar, pero no he querido ir a verlo…
ANDRÉS: Tal vez sea para proponerle a Ud. que vuelva a hacerse cargo de nuestro Departamento.
LUIS: En lo cual tendríamos mucho gusto, pues siempre hemos dicho que a Ud. debemos el oficio con que hoy nos ganamos la vida.
COCÓM: Gracias, muchachos, pero yo jamás volveré al trabajo aceptando las condiciones que pretende imponerme el Director de la Empresa.
ANDRÉS: ¿Luego, ya habló Ud. con él?
COCÓM. Ayer mismo, pero figúrense ustedes que me propone hasta un sobre-sueldo mensual, poniéndome una condición que jamás puedo aceptar. ¿No se figuran cuál es?
LUIS: Pues no, maestro.
COCÓM: ¡Chirigota! ¡No es nada! Solo me pone por condición única, que no vuelva yo a tomar un trago de aguardiente; (se ríe) ja, ja, ja. A ver, señor clandestino, (al cantinero), sirva Ud. para mí un trago para “macho”, y a los muchachos, lo que quieran.
CANTINERO: (Sirve y cobra.)
LUIS: (Despidiéndose) Muchas gracias por la copa, maestro; con su permiso nos retiramos.
COCÓM. Ya que ustedes son hijos de familia, les voy a permitir el retirarse, pero no antes de tomar otra copa, que yo también voy a pagar.
ANDRÉS: No es que seamos hijos de familia; si nos retiramos es porque tenemos que trabajar extra hoy en la tarde.
LUIS: Y usted sabe que solo tenemos dos horas para almorzar.
COCÓM: Muy bien, muchachos, muy bien. Me alegro que sean Ud. trabajadores; pero les aconsejo que nunca se dejen dominar de sus jefes, y menos de sus esposas; (al Cantinero) a ver, señor clandestino, sirva Ud. otra ronda igual a la anterior, sin olvidar de que mi ración es para “machos” y a estos muchachos sírvales lo que quieran.
ANDRÉS: Por darle gusto, maestro, vamos a tomar esta otra copa, saliéndonos de nuestra costumbre: sólo tomamos dos copas antes del almuerzo.
COCÓM: Muy bien, muchachos; hagan ustedes su voluntad, pero sin dejarse dominar de nadie. En la casa debe uno tener el mando supremo, como tiene los calzones. No hay cosa más ridícula, como ver a un marido dominado por su mujer.
LUIS: Dice Ud. muy bien, maestro.
ANDRÉS: Estoy enteramente de acuerdo.
COCÓM: Y para que ustedes vean que no soy hablador, les voy a contar un caso sucedido conmigo hace apenas un rato.
LUIS: Diga usted, maestro.
ANDRÉS: Si no es muy largo el relato…
COCÓM: Es muy corto; pero si tu mujer te tiene señalada hora para entrar a tu casa, puedes irte; no te vaya a pegar.
ANDRÉS: ¡Maestro Cocóm…!
COCÓM: No te molestes, Andrés; es solo una suposición. Pues les iba a decir, para demostrarles que en mi casa yo tengo los calzones, que hoy me amaneció con muchas ganas de correr una buena parranda, pero también me amaneció sin un solo centavo. Sin decirle nada a mi mujer, salí de la casa con la idea de empeñar su máquina de coser, y de ese dinero recoger siquiera dos recibos de alquileres de casa, de los seis que adeudo.
LUIS: ¿Y llevó Ud. a cabo su proyecto?
COCÓM. Verán ustedes: pasé a la Cantina de Valeriano, y allí encontré a un amigo que me invitó a tomar con él un cuartito de habanero; después de concluida aquella “tarea”, como dijera el Chato Duarte, le supliqué que fuera a mi domicilio, con un papelito mío, en busca de la máquina, para ir con él mismo a empeñarla.
ANDRÉS: Y de seguro que su esposa de Ud. la entregó enseguida, ¿verdad?
COCÓM: ¡Me canso, venado! De no haber tenido esa seguridad, no me hubiese atrevido a apostar, pues ya les dije que me amaneció en la prángana.
LUIS: ¿Luego hubo su apuesta de por medio, maestro?
COCÓM: Sí. Muchachos, convine con aquel amigo que él pagaría media de habanero si mi mujer le entregaba la máquina sin protestar, o yo una botella si no la entregaba.
ANDRÉS: Y perdió él por lo visto.
COCÓM: Perdió, pero le perdoné el pago por el servicio que me hizo de ir a buscar la máquina y luego acompañarme a empeñarla en $50.00 a mi mismo casero. Por eso les digo a ustedes que tengo dinero para gastar con mis amigos. (Suena su bolsa.) (Al cantinero.) Sírvame un “farolazo” doble, ya que estos muchachos no quieren tomar otra copa.
LUIS: Gracias, maestro; no tomamos más. ¿No quiere Ud. darme los recibos que recogió, para llevarle a su casa? No sea que Ud. los extravíe.
COCÓM: Gracias, Luis; pero no puedo perderlos, por la sencilla razón de que no recogí ninguno.
ANDRÉS: Entonces, maestro, si Ud. quiere que le lleve algún dinero a su esposa…
COCÓM: Hasta eso sí, porque no tiene dinero y tengo un hijo enfermo. (Se hace del más borracho.) (Dándole a Andrés un billete de $10.00.) Llévale este dinero a mi esposa y le dices que empeñé su máquina en $50.00 y me quedé con cuarenta para acabar mi parranda.
ANDRÉS: ¿Nada más que esto le llevo a su esposa?
COCÓM: Nada más; pero si te parece poco, dame esos diez pesos, porque es probable que tenga yo que pagar multa, si me encuentro con López, ese desgraciado “aceitador de veletas”, porque él no es mecánico ni mucho menos
LUIS: Pues sentimos mucho no poder acompañarle…….
COCÓM: Gracias, muchacho, pero yo solo me basto para castigar a ese mentecato.
ANDRÉS: ¿Tuvo Ud. algún disgusto con López hoy?
COCÓM. Ayer fue el disgusto; pero abusó de mí porque estaba muy pasado de copas; además, estaba acompañado de dos amigos suyos. Pero hoy las tendrá conmigo, aunque venga con cuatro compañeros. Miren: vengo prevenido. (Saca del cinto un cuchillo.)
LUIS: Con esa arma, maestro, de repente tiene usted un disgusto…….
COCÓM: Sin ese “de repente” que dices, pues de propósito saqué este cuchillo para liquidar cuentas con ese desgraciado. Le voy a demostrar quién es Pancho Cocóm.
ANDRÉS: Usted se basta solo para castigar a López: ¿No quiere Ud. darnos ese cuchillo para llevar a su casa?
COCÓM: No, muchachos; este amigo, (señalando el cuchillo) todavía no ha cumplido con su misión. Váyanse tranquilos y no me piensen. Pueden decir a mi esposa que me quedé en este centro de vicio, pues no se atreverá a venir a buscarme: la tengo educada a mi modo.
ANDRÉS: Pues con su permiso nos retiramos. (Se despide.)
LUIS: Que Ud. se divierta, maestro, y que no se encuentre con ese amigo López.
COCÓM: Que les vaya bien, muchachos. (Les da la mano.)
LUIS Y ANDRÉS: (Haciendo mutis derecha.)

ESCENA 4ª.

Dichos y Cocóm y Cantinero.

COCÓM: Deme Ud. la copa del “estribo”, señor clandestino, porque voy a buscar a un tipo que se dice muy macho.
CANTINERO: (Sirve la copa.)
COCÓM: (Después de tomar la copa.) ¿Se debe algo?
CANTINERO: Nada más que veinte centavos.
COCÓM: Y si no me diese la gana de pagarlos, ¿Se atrevería a mandarme preso por esa miseria?
CANTINERO: No, Señor; basta que sea Ud. cliente mío, para no hacerlo.
COCÓM: ¡Vaya, hombre! Siquiera me llama “cliente” y no amigo; porque para mí no hay más amigo que un peso en la bolsa. ¿No es cierto amigo clandestino? (Suena dinero.)
CANTINERO: Así es, maestro Cocóm.
COCÓM: Pues entre un momento regreso con otros amigos, y le pagaré sus veinte centavos.
CANTINERO: Cuando usted guste.
COCÓM: (Haciendo mutis derecha.) Si le contasen que me llevaron preso, remítame media de habanero a la Judicial. (Suena su bolsa) (Mutis)
CANTINERO: ¡Y un jamón! Cerraré antes de que regrese.

Telón Rápido.- Fin del 1°. Cuadro.

CUADRO SEGUNDO
Decorado:
Sala de casa pobre; puerta al fondo y dos laterales; por todo mueble habrá dos cajones vacíos, en uno de los cuales aparece sentada Marta al alzarse el telón, componiendo ropas.

ESCENA 1ª.
Marta sola-Es mestiza.

MARTA: ¡Pobre esposo mío! En todas sus cartas manifiesta gran arrepentimiento por sus parrandas, origen de su prisión. Ojala que su arrepentimiento sea sincero, pues así daré por bien sufridas todas las penalidades y miserias porque estoy atravesando, pues vería a mi marido curado del pernicioso vicio del aguardiente.

ESCENA 2ª.
Dicha y Comadre apareciendo en la puerta del fondo, con una ollita. Viste de mestiza.

COMADRE: Buenos días, comadre.
MARTA: Muy buenos, comadre; pasa adelante.
COMADRE: (Entrando). ¿Cómo le ha ido?
MARTA: Pues ya lo ves; de mal en peor.
COMADRE: ¿Hay alguna mala noticia del compadre?
MARTA: Afortunadamente no, comadre, pues no se ha enfermado durante los cuatro meses que hace que está preso.
COMADRE: ¿Y por qué dice Ud. que le va de mal a peor?
MARTA: ¿Pues no te extraña ver tan desmantelada esta pieza, comadre? Ayer tuve que vender mis últimos muebles, para pagar médico y medicinas a mi hijo.
COMADRE: Pues ni me había dado cuenta de ello. No hay que desesperar, pues debemos esperar días mejores.
MARTA: Yo no ambiciono comodidades ni riquezas, comadre; me consideraría muy feliz, si al salir tu compadre de la cárcel, dejase el vicio del licor.
COMADRE: Esperemos que así será. (Le da la ollita.) Aquí le traigo un poco de caldo para su enfermo.
MARTA: (Tomando la ollita.) Muchas gracias, comadre; que Dios te recompense tu bondad.
COMADRE: No vale la pena esta insignificancia.
MARTA: Tengo la cabeza tan trastornada, que ni te he brindado donde sentarte; tú eres de confianza, comadre; siéntate en ese cajón; en este momento regreso. (Mutis derecha, llevando la ollita y regresando en seguida sin ella):
COMADRE: (Sentada) ¿Y no le ha dicho nada el compadre cuándo quedará en libertad?
MARTA: Dice que su abogado le asegura sacarlo bajo fianza entre de ocho días.
COMADRE: ¡Ojalá resulte cierto, comadre!
MARTA: Así lo espero, pues ya agoté todas mis economías, ya vendí y empeñé mis pocas alhajas; ya vendí mi cochino y gallinas ya no me queda qué vender, pues como te dije hace un rato, ayer se fueron mis últimos muebles.
COMADRE: ¿Y los del “Sindicato no han ayudado al compadre?
MARTA: Demasiado han hecho sin tener obligación, pues desde que Pancho, tu compadre, en una de sus borracheras renunció a su puesto, no ha pagado un solo centavo de cuotas ni ha asistido a asamblea alguna, que “por no dar el brazo a torcer”, según dice él.
COMADRE: Esa es una mal entendida delicadeza; ¿verdad comadre?
MARTA: Eso le digo a Pancho. Y menos mal que yo tuviese mi máquina de coser, pues con ella me buscaría los centavos.
COMADRE: De verás que fue una calamidad que solo hubiese Ud. apercibido diez pesos de los cincuenta pesos en que la empeñó mi compadre.
MARTA: ¿Y quién te enteró de esos pormenores, que a nadie le he contado?
COMADRE: Mi cuñado Andrés, quien fue el que le trajo los únicos pesos que consiguió arrancarle al compadre.
MARTA: Es verdad.
COMADRE: ¿Y no sabe Ud. qué hizo el compadre del resto del dinero? Porque Andrés asegura que no pudo haber gastado ni cincuenta centavos más en aguardiente, porque ya estaba muy pasado de copas el compadre cuando se despidió de él como a las doce de aquel día de la desgracia.
MARTA: Pues se lo habrán robado; pues él asegura que llegó sin un centavo a la Judicial, cuando lo llevaron preso después de haber herido a su amigo López.
COMADRE: ¿Luego no hay esperanzas de recuperar, aunque fuera parte nada más de ese dinero?
MARTA: Ninguna, comadre. Son las consecuencias del aguardiente, que nosotras las esposas y los hijos tenemos que sufrir. ¿No habrá un gobierno, comadre, capaz de suprimir totalmente la venta del licor? Así en la miseria como estoy, comadre, haría un sacrificio para contribuir con algo para erigir un monumento al gobierno que suprimiese ese vicio, y conmigo contribuirían innumerables esposas y madres.
COMADRE: Sería muy loable eso, comadre, pero imposible de llevar a la práctica. ¿Con qué cubriría sus enormes presupuestos el gobierno, si no contase con el pago de contribuciones de las cantinas y fábricas de licores?
MARTA: Yo entiendo de eso y por lo tanto no puedo contestarte; pero sí te sé decir que los seis meses que hizo en Tabasco tu compadre, vio el fruto de su trabajo, porque nunca consiguió, a ningún precio, comprar un trago de licor. Allí existía el verdadero “Estado Seco.”
COMADRE: Y lo malo no está en tomar uno o dos tragos antes del almuerzo, sino excederse en beber.
MARTA: Precisamente es lo que perjudica a tu compadre: en cuanto toma cuatro o seis copas, ya se siente muy “macho” y se le enfrenta hasta cuatro o seis peleadores, dando por resultado que lo traigan con la cabeza rajada. ¡Maldito sea el aguardiente y quien lo inventó!

ESCENA 3ª.
Dichos y Don Julio parándose en la puerta del fondo.- Viste de catrín y usa bastón. Es de 50 años.

D. JULIO: Buenos días. ¿Se puede? (Penetra sin esperar contestación). (Se dirige a Marta). Tal vez le pareceré demasiado molestoso, linda, pero también nosotros los propietarios tenemos muchos pagos de contribuciones, y no vamos a vender una casa para pagarle al Gobierno, únicamente porque los inquilinos viciosos no nos pagan las rentas.
MARTA: Si lo de “vicioso” lo dice Ud. por mi marido, recuerde Ud. que sin dejar de beber, jamás nos atrasamos en un mes de alquiler mientras él tenía trabajo.
D. JULIO: ¿Y por qué perdió este? ¿No por vicioso?
MARTA: ¡Ud. no tiene derecho a juzgar los actos privados de mi marido!
D. JULIO: Pues que se me paguen los diez meses de rentas que me deben, y entonces no juzgaré su vida.
MARTA: Y ale suplique a Ud. que espere que esté en libertad, para que se le liquide todo. Además con mi máquina que tiene Ud. en su poder, que cuesta doscientos cincuenta pesos, está garantizada la cantidad que se le adeuda.
D. JULIO: Ud. habla así, linda, porque ignora que tengo comprobante o factura de venta de dicha máquina.
MARTA: ¿Por cincuenta pesos?
D. JULIO: Por esa cantidad y con todos los requisitos legales, firmada por su esposo.
COMADRE: Solamente borracho pudo haber firmado mi compadre tal documento, cuando la propietaria de esa máquina es esta señora.
D. JULIO: Yo no sé si estaba o no borracho cuando me vendió la máquina; tampoco sé con quién tengo el gusto de hablar, pues yo me dirigía a esta señora y no a Ud.
MARTA: La señora es mi comadre, persona de toda mi estimación y confianza.
D. JULIO: Magnífico. ¿Puedo entonces hablar delante de ella con toda libertad?
MARTA: Puede hacerlo: pues antes de que Ud. lo dijera hace un momento, ella sabía que le adeudamos a Ud. diez meses de alquileres.
D. JULIO: Pues voy a ser muy breve, ya que no se me ofrece ni una mala silla para sentarme.
COMADRE: (Levantándose y ofreciéndole el cajón a D. Julio). Caballero, la miseria no es un sonrojo si esta se sufre con dignidad. Esta pobre señora tuvo que vender ayer sus asientos, para poder pagar al médico y comprar medicinas para su hijo enfermo. Si quiere Ud. sentarse en este cajón…
D. JULIO: (Rehusándolo). Muchas gracias. Más bien he venido por decirle a Marta que estoy dispuesto a enviarle su máquina hoy mismo, si ella acepta…
COMADRE: (Con entusiasmo). ¡Cómo no ha de aceptar, caballero, si le hace falta para buscarse la vida! ¡Es Ud. su Providencia, caballero!
MARTA: (Levantándose con energía y dignidad). ¡Cállate, comadre! Tú no sabes a qué precio me brinda su protección este señor.
COMADRE: ¡Cómo! ¿Acaso…?
MARTA: Sí, comadre. Desde el siguiente día que fue preso tu compadre, este señor viene ofendiéndome con sus proposiciones, creyendo sin duda que mi situación me haría olvidar mis deberes de mujer casada…
D. JULIO: No es para disgustarte tanto, Martita.
MARTA: ¡Caballero, nunca lo he facultado a Ud. a tutearme! Y si la circunstancia de hallarme en la miseria y ser esposa de un indio, le hace suponer que carecemos de dignidad, ¡está muy equivocado!
COMADRE: Tal vez en nuestra clase humilde haya más honradez y dignidad que en la clase burguesa y de alta sociedad.
D. JULIO: Señora…
MARTA: Si Ud. viniese con educación a cobrar el dinero que no negamos deberle, sería Ud. tratado con el respeto consiguiente; pero pretender ofenderme en mi calidad de esposa, porque me ve en la miseria, eso no es digno de una persona que porta el traje de caballero.
D. JULIO: Puede que no se arrepienta Ud., Martita, del trato que hoy se da.
COMADRE: Ud. es quien se arrepentirá de su conducta, cuando tenga que habérselas con mi compadre.
D. JULIO: Vale más que yo…
MARTA: Sí. Vale más que Ud. se vaya y no vuelva por acá, sino para habérselas con mi marido.
D. JULIO: (Haciendo mutis fondo.) ¡Fortalezas más grandes he derribado con mi dinero! (Mutis.)
MARTA: ¡Viejo libertino! (Se pasea con gran agitación) ¡Ahí tienes, comadre, los resultados del funesto vicio! Si mi marido no estuviese preso y no me encontrase en la miseria, nadie vendría a faltarme. (Llora).
COMADRE: Sosiéguese, Comadre. Creo que con la lección que le hemos dado a ese viejo, no volverá a ofenderle. (Levantándose y disponiéndose a retirarse) Pues ya me voy, Comadre, porque voy a llevar su almuerzo a Luis, que está de doble turno.
MARTA: Vayamos juntas y te dejaré en la puerta de tu casa. Hoy es día de visita. Espérame un momento, Comadre; no tardaré. (Mutis por la derecha, regresando enseguida con su rebozo y la ollita.)
MARTA: Vamos, Comadre. Prefiero llevarle a tu compadre este bocado que trajiste, porque no puede comerlo el enfermo; además, dice que ya se enfadó al rancho que dan en la “Penitenciaría”.
COMADRE: Vamos, Comadre; tiene razón el compadre. (Haciendo mutis las dos por el fondo). Salude Ud. a mi compadre.

CUADRO TERCERO Y ÚLTIMO.
Decorado:
Sala amueblada con catorce sillas.- Al alzarse el telón aparecen bailando un Waltz o cualquiera otra pieza: Cocóm con Marta; Luis con la comadre; Andrés con una invitada y una pareja más.
Están festejando el onomástico de Cocóm.

ANDRÉS: (Sin dejar de bailar, lo mismo que los que le seguirán en hablar.) ¡Viva el maestro Cocóm!
TODOS: ¡Viva!
COCÓM: ¡Viva la comadre Manuelita!
TODOS: ¡Viva!
(Después de un momento de baile cesa la música y se sientan por parejas a conversar animadamente, haciéndolo Cocóm en medio de sus invitados, visible al público.)
COMADRE: (A Cocóm.) ¿Y qué nos cuenta Ud., compadre? No esperaba esta “lata” que venimos a darle. ¿No es verdad?
COCÓM: En verdad que no esperaba esta agradable sorpresa; pero si ustedes no fuesen atendidos como se merecen, culpa es de ustedes, que no me avisaron con tiempo.
ANDRÉS: Siempre resulta mejor lo improvisado, maestro Cocóm.
COCÓM: Así dicen. Ahora por mi parte, les doy la mala noticia de que solo les ofreceré un vaso de sidra helada, porque en esta casa de ustedes, mientras yo conserve mi voluntad, no volverá a entrar licor fuerte.
MARTA: (A Cocóm) ¡Que Dios te oiga, Cocóm, para que continúe nuestra felicidad!
COCÓM: Así es que si ustedes me aceptan eso único que les ofrezco…
LUIS: Desde luego, maestro; y si estuviese presente el Chato Duarte, ya le hubiese contestado: “a caballo regalado no se le mira el colmillo”.
COCÓM: Hombre, a propósito de ese amigo, les anuncio que de repente lo veremos llegar, pues me dijo que podría venir hoy a darme un abrazo.
INVITADO 1: Si le dijo a Ud. que había sidra helada, de seguro que no faltará.
INVITADO 2: Es que el “Chato” es Generalísimo y caballo de buena boca: lo mismo toma un humilde habanero que una copa de Champán…si no le cuesta.
COCÓM: Pues hombre, si esto último lo tomara a expensas de su bolsa, se moriría de hambre y arrastraría a su familia, porque solo gana noventa pesos mensuales como Profesor.
ANDRÉS: En verdad que no me explico por qué el “Chato” hoy está tan reventado, cuando ha disfrutado de buenos sueldos como administrador de fincas, sin contar con 32 ediciones de a 2,000 ejemplares que de sus libros ha vendido.
COCÓM: Debe tener su “desaguadero” que nosotros no conocemos.
COMADRE: Supongo que todo su dinero lo gastará con mujeres, porque él es muy enamorado.
LUIS: (A la comadre) ¿Y cómo lo sabes? ¿Alguna vez te ha enamorado?
COMADRE: A mí no; pero él lo confiesa en sus folletos.
MARTA: (A Luis sonriéndose) Vaya, compadre, solo falta que Ud. cele a mi comadre con el Chato Duarte.
COMADRE: (A Marta.) Muchas gracias, comadre, por el mal gusto que me pone.
MARTA: (A la Comadre.) No ha sido mi idea mortificarte, Comadre; pero en verdad que yo no veo en ese señor la exagerada fealdad que se le atribuye…

ESCENA 2ª.

Dichos y Chato, parándose en la puerta del fondo.

CHATO: (A Marta.) Muchas gracias, señora, por la “justicia” que me hace: yo no soy feo; lo único que me perjudica es…, ¡la cara y el cuerpo!
TODOS: (Aplaudiendo.) ¡Viva el Chato!
CHATO: “Viviendo o muriendo”, aquí me tiene a sus órdenes.
INVITADO 1: ¿Y cómo supo Ud. que hay aquí Sidra helada?
CHATO: ¿Pues cree Ud. que porque soy Chato no las huelo bien? (Al Maestro Cocóm.) Maestro: antes de nada, permítame el gusto de darle un abrazo.
COCÓM: Con mucho gusto, Chatito. (Se abrazan.)
COMADRE: (Al Chato.) ¿Pero por qué no lo felicita Ud. en verso, Don Chato?
CHATO: (A la Comadre.)
Señora: Si aquí hay su almuerzo
Y también su “farolazo”,
Ya le daré yo otro abrazo
¡Y entonces hablaré en verso!

LUIS: Muy bien, don Chatito: ya vemos que tiene facilidad…
CHATO: ¿Para disparatar? ¡Ya lo creo!
COCÓM: (A Luis.) Creí que ibas a decir: “para disparar”.
CHATO: (A Cocóm.) Protesto, maestro, por dos razones: 1ª. Porque estoy desarmado, y 2ª. Porque no estoy en mi casa. A Ud. le toca disparar: Ya puede hacerlo, pues traigo algo de sed.
COCÓM: (A Marta.) Oye, hija; tiene razón el Chatito; sirve de una vez la Sidra; después bailaremos una pieza y luego comeremos unos tacos. (Al Chato) ¿Le agrada a usted?
CHATO: De lo que sean, maestro, menos de billar.
MARTA: (Haciendo mutis derecha.) Con permiso de usted.
COMADRE: (Siguiendo a Marta.) Yo la acompaño, Comadre.
COCÓM: Me va usted a perdonar el abuso, Chatito…
CHATO: No tenga cuidado, maestro, que yo solo llamo “abusador” al que me pide dinero sabiendo que estoy en la miseria…
COCÓM: Pues no he pensado pedirle dinero,…
CHATO: Ya me quitó Ud. un gran peso de encima; pero conste que no PESO en moneda, sino un gran fardo. ¿Qué desea de mí, maestro?
COCÓM: Que usted nos recite aquellos versos en que habla del ex - camarada González Inurreta.
LUIS: De veras que deseaba yo oírlos.
ANDRÉS: Y yo también.
CHATO: No me haré de rogar; pero tengan la bondad de que sea después de tomar esa copa que nos traen las Señoras, porque sería una mala educación despreciarlas o hacerlas esperar.
(Marta y la Comadre aparecen con vasos de Sidra servida.)
MARTA: Perdonen si nos tardamos algo.
CHATO: Señora: “nunca es tarde cuando la dicha llega”. (Tomando un vaso para brindar.)

En mi amistad cariñosa,
Yo brindo en esta ocasión
Por nuestro amigo Cocóm
Y por su señora esposa;
Y siga aquel adelante
Con toda felicidad,
¡En su férrea voluntad
De seguir temperante!

MARTA: (Al Chato). Gracias por su brindis y sus deseos, Don Chatito.
COCÓM: (Levantando su copa.) Brindo por todos ustedes.
CHATO: Gracias, maestro.
COCÓM. (Al Chato). No se vaya a hacer “arco” con los versos que le pedí. (A Marta.) Oye los versos que va a recitarnos el Chatito.
MARTA: Soy toda oídos.
CHATO: Estos versos que voy a recitar, solo tienen mérito de la oportunidad. Se titulan:

“CON SU PROPIA ARMA”

La “cláusula de exclusión”
Que González Inurreta
Aplicó sin compasión,
Por “ley de compensación”
Se le aplicó igual “receta”.
¡Y ya cayó tan de plano,
Sin poder remediar,
Que no lo habrá de salvar
Ni Lombardo Toledano!

TODOS: (aplaudiendo) ¡Bravo, Chatito!
CHATO: Gracias, mis amigos; si ustedes llegasen a saber, que el ex – camarada anda preguntando por mí, díganle que me embarqué para la Patagonia, porque de seguro que no me buscará para invitarme a una cerveza, ¡sino para darme una paliza!
COCÓM: Sabe Ud. que cuenta con todos los trabajadores del riel, Chatito.
CHATO: Lo tendré presente para después de la paliza, porque yo no tengo ni para árnica…Pero, maestro Cocóm, me parece, que hace un momento nos habló Ud. de uno tacos…
COCÓM: Sí, pero serán después de bailar una pieza. A ver, Marta, Baila con el Chatito.
MARTA: Con mucho gusto.
CHATO: Para mí lo es, y mucho honor. (Bailan una pieza).

Telón lento.-Fin de la Obra.
ARCHIVOS DE INVESTIGACIÓN DEL CINEY. 2007-2011.